LEÓN GÓMEZ ARANEDA: EL PROFESOR QUE DESAFÍO A LA DICTADURA

León llegó a Santiago siendo muy joven, desde su natal Ancud donde fue dirigente de los secundarios de su ciudad. Con apenas 14 años se trasladó a la ciudad de Santa Cruz, y dos años más tarde, en 1969, ingresó al pedagógico de la Universidad Técnica del Estado (UTE) -actual Universidad de Santiago- a estudiar Pedagogía en Historia. En un ambiente en donde la efervescencia social inundaba todos los rincones y por sobre todo en los planteles universitarios, León se hizo parte del Comité Central de la Juventud del Partido Socialista.

En la universidad, realiza sus estudios en medio de la agitación por el triunfo y llegada de Allende a la Moneda, momentos llenos de idealismo, actividades políticas y convulsión, que se juntan con una vida en pareja que inicia con Milita Isea, antigua residente del sector de Plaza Chacabuco que contaba con una sede del Partido Socialista en calle Inglaterra a la cual asistía León.

 

Los tres años del gobierno popular pasan de manera fugaz y, casi sin percatarse, llega el martes 11 de septiembre de 1973. Como a muchos chilenos, al profesor del Confederación Suiza, la asonada militar lo sorprende en su hogar, desde el cual muy temprano empieza a movilizarse junto a otros compañeros en el intento de resistir el ataque golpista. Se dirigen a la Fundición Libertad en calle Independencia, casi frente a la calle Joaquín Antonio Vial, pero al llegar al lugar, se dan cuenta que no existía ningún tipo de organización, tampoco armas con que pudieran repeler el ataque y por eso, desde allí, llegaron caminando a un consultorio en la comuna de Renca, pero su esfuerzo no logró frutos reales.

Por las calles de Independencia, se veían los camiones de militares desfilar hacia el centro de la ciudad, el miedo cubría poco a poco a Santiago. El sonido de los Hawker Hunter, enfilando a la Moneda, solo era la antesala de una soledad que desorientaba y que cubría con un manto de angustia e incertidumbre a los defensores del gobierno de la Unidad Popular.

Los días posteriores al golpe, León esperó en su casa algún contacto, el que, finalmente jamás llegó. Antes del golpe había alojado en su casa su amigo y compañero Gustavo Ruz Zañartu “el pollo”, dirigente de Chillán quien era el Secretario General de las Juventudes Socialistas y miembro del Comité Central. La cercanía de la Quinta Comisaría de Carabineros que estaba a una cuadra de su casa volvía seguro e incierto que alguien sospechara algo. Aun así, a la casa esquina de calle Hipódromo Chile llegaron muy temprano la mañana del día 14 de septiembre los agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA).

Con la prepotencia de quien se sabe vencedor, los agentes se instalan en la propiedad de la familia Isea y le interrogan en busca de información; el paradero de Ruz, secretario de las juventudes Socialistas, parece ser su objetivo principal.

La vivienda de la familia Isea contaba con un teléfono, algo que era poco común para la época, razón por la cual, los agentes se instalan por varios días en este lugar quienes van y vienen sin aviso ni permiso, volviéndola morada de los agentes de la DINA. Almuerzan en hogar ajeno acompañan a Milita, pareja de León, a hacer las compras en negocios del sector y a la feria que se ubica en calle Guanaco con Santa Laura, beben y terminan el vino de la bodega y convierten la casa, en una ratonera” a la espera de capturar, a Gustavo Ruz o a algún otro compañero del Comité Central de los jóvenes socialistas, llegando a la casa del profesor de historia.

Los días en este hogar se volvieron eternos. Cada día, los agentes de la DINA se llevaban el teléfono que habían intervenido, hasta la Quinta Comisaría de Carabineros que se convirtió en un “cuartel central” según las palabras de León. El rol de este recinto policial fue un secreto a voces por los vecinos y reafirmada por las noticias, situación que coincide con la revelación de la desaparición de los trabajadores de la empresa AIROLITE S. A.  que estaba ubicada en la Panamericana Norte, Ernesto Vásquez, Guillermo Vallejo y Miguel Arancibia los días 19, 20 y 21 de septiembre.

El recuerdo de un veinteañero León se mezcla con las balaceras nocturnas que eran habituales durante la noche. Al parecer, ellos vendrían de la comisaría en una especie de intimidación para generar un ambiente de terror. Asimismo, las barreras bloquearon el paso por calle Hipódromo Chile desviando la movilización por calle Agustín Meza, práctica que se repitió una década más tarde en la época de las protestas durante los años ochenta

León es llevado en varias oportunidades a Londres 38, donde fue torturado bajo la atenta mirada de Osvaldo Romo, alias el “Guatón Romo”, antiguo militante socialista y quien será conocido como uno de los agentes más crueles con que contó la DINA es su labor de torturar a militantes de izquierda entre los años 1973 y 1977. Romo era quien realizaba los interrogatorios y su voz le era familiar al profesor, con el tiempo León supo que se trataba del icónico agente.

Gómez continuó en 1974 con su “vida normal”, como profesor del Liceo Confederación Suiza. Con una libertad tutelada, controlada y bajo la atenta mirada de los agentes que seguían, de manera constante asistiendo a la casa del profesor, bebiendo y comiendo a destajo. En ese año León continuaba en la “resistencia” encontrándose con algunos compañeros socialistas, entre ellos Luz Arce. La plaza Chacabuco era un lugar común para hacer contactos.

En una de las escuchas telefónicas en casa de Hipódromo, Luz Arce, contacto de León, lo cita en marzo de ese año al restaurante “La ruca” en calle Boccardo con Quezada Acharán, a una calle de Nueva de Matte. Como su teléfono se encontraba intervenido, los agentes se aprestan para apresarla utilizándolo a él como carnada, por ello, cuando asiste al encuentro, vigilado cercanamente por los agentes de la DINA, él finge no reconocer a Luz. Ella con peluca y sentada en una mesa acude a la barra donde se había sentado el profesor, quien había pasado de largo, queriendo evitar el encuentro. No obstante, Arce se acerca y le dice “no me reconociste”, es entonces cuando los agentes la detienen. Ella será quebrada por los organismos represores y se convertirá en una colaboradora fiel del régimen militar delatando a muchos compañeros del sector cercano a calle Vivaceta.

Ese año durante el mes de julio de 1974 fue tomado detenido y llevado a Cuatro Álamos donde permaneció una semana. Con los años su relato logró esclarecer muchos aspectos que también habían ocurrido en Londres 38.

En la década de los setenta, su vida transcurrió con desesperanza y el temor propio de haber sido parte del gobierno popular, los aires de persecución se respiraban en el ambiente. Durante su paso por el Confederación, León trabajó algunos años en un liceo comercial de la comuna de La Granja, su padre miembro de la masonería, protegió su trabajo un tiempo como profesor. Su actividad docente le permitió ser parte de los orígenes de la Asociación Gremial de Educadores de Chile (AGECH) formada en 1981.

Durante los años ochenta, la cesantía obligó a León a ganarse la vida apelando a la creatividad y a las armas intelectuales que poseía, así, en los años ochenta muchos de los puzzles y crucigramas que la Revista Análisis mostraba en sus páginas eran de elaboración del profesor de historia. En ese mismo periodo se propuso contar la historia de lo que había pasado, el relato de miles que fueron perseguidos o perdieron la vida en cárceles clandestinas y cuarteles militares. Para ello, y convocando a antiguos conocidos, accede a los archivos de la Vicaria de la Solidaridad, allí por años  revisó expedientes de causas de violaciones a los DDHH, muchos de esas causas fueron entregadas a León por el sociólogo José Manuel Parada quien trabajaba como Jefe del Departamento de Análisis la Vicaría de la Solidaridad y que fuera secuestrado por carabineros en marzo de 1985 junto a Santiago Nattino y  Manuel Guerrero y posteriormente, encontrados degollados en un camino que unía Quilicura con aeropuerto de Pudahuel.

El resultado de esta investigación vio su primer rayo de luz en 1988 cuando publicó su primer libro Que el Pueblo Juzgue, historia del golpe de Estado, de la editorial de la Sociedad de Escritores de Chile, SECH. Este libro fue presentado por el Director de la revista Análisis Juan Pablo Cárdenas, quien señaló que se trata de “un libro que cuenta la historia a partir del 11 de septiembre de 1973 y los días que se sucedieron, en que el dolor, la muerte y la esperanza invadieron nuestra patria” concluyendo que es un libro que “hay que tener y guardar, especialmente cuando la dictadura pase y quienes quieran olvidar lo que han sido estos 15 años tengan que recurrir a él”. El libro se lanzó en pleno septiembre y es el primer libro de DDHH que se publica en plena dictadura.

Durante primeros meses del Chile en democracia se publica un nuevo texto de Gómez: Tras la huella de los desaparecidos, un trabajo de más de 500 páginas, publicado por editorial Caleuche que fue el fruto de más de una década de investigaciones. A este libro se le sumará un par de años después “Neltume una esperanza en la montaña”, el cual ponía fin a la trilogía de textos que el profesor de historia escribirá respecto al proceso que vivió Chile.

 

El aporte historiográfico de León de Gómez a la memoria del país es significativo. El profesor chilote que vivió por décadas en el barrio de Plaza Chacabuco y que hoy vive en la vecina comuna de Renca, no solo es un sobreviviente de los centros de tortura y exterminio Londres, Cuatro Álamos y José Domingo Cañas, sino que se suma a la labor de tantos otros quienes junto con ser víctimas de la dictadura cívico militar, tuvieron la entereza de enfrentarla, de distintas maneras, pero con la clara convicción que había que dejar testimonio de las atrocidades cometidas. Hoy, más que nunca, reconocer su aporte, su convicción, compromiso y valentía, tras más de 30 años de democracia tutelada y a casi cinco décadas de los sucesos que enlutaron al país, parece ser el ejercicio necesario que nos permita sanar las grietas que, como país, recorren nuestra historia y, por cierto, son parte latente de nuestro presente.

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